ultramarina

En el contexto histórico de los años 20 y 30 del pasado siglo XX  «L ´Esprit Nouveau», concepto acuñado por Le Corbusier, era el tiempo de las fábricas y de los ingenieros, de los barcos, los coches y de los aviones, el tiempo homogéneo de  la producción que había extendido su poder homogeneizador a todo «continuum» histórico, confundido con la temporalidad abstracta de la mercancía. En Alemania surge la escuela Bauhaus de la necesidad de fusionar el arte con la técnica, y el hormigón armado irrumpe en la escena, junto al acero y al vidrio.

La vieja circunscripción de la idea de trabajo a la economía productiva y la producción de objeto, está quedando patentemente obsoleta, y no sólo por el desproporcionado mayor peso que la economía financiera y de la pura circulación de capitales está adquiriendo en las nuevas sociedades, sino también por el hecho de que la producción inmaterial y la circulación del sentido, de la información, se están convirtiendo en las modalidades de intercambio más importantes en las sociedades emergentes.

En la imagen, foto original de Erika Ede, realizada para una puesta en escena de elementos de archivo en el estudio Imatra. Calle Costa 12-14 48010 BILBAO

Separada del lugar y del tiempo en que apareció por vez primera, la imagen imanta todo el trayecto del rodeo que conduce del vacío al vacío; del vacío al contorno que determina el trayecto. Se trata de una circulación regulada que organiza un retorno del rodeo hacia el vacío. Es la carta desviada que nos ocupa aquella cuyo trayecto ha sido demorado.

Corresponde al filósofo  Gilles Deleuze  (1925/1995) la idea de que los procesos no pueden simplemente derivar de sus contextos, si no que al revés, deberían transformar sus contextos intelectuales y sociales, para ello define una cartografía que abarca todo el campo social y que ahora más que nunca cuando se pretende una reconstrucción de la sociedad entera, debería ser revisado, por más que por ahora digamos «Utopía» a todos aquellos programas más o menos articulados que traten de expresar las demandas de una nueva vida colectiva, identificando la colectividad como el centro crucial de toda respuesta verdaderamente  progresista e innovadora.

El lugar  donde se aprende y el lugar donde se trabaja conducen a la posibilidad de consolidar una visión del mundo para cualquiera de nosotros, pues se trata, o debería tratarse de  espacios donde de algún modo  insospechado  buscarse el mecanismo que permita encontrar un lugar en el mundo, pero  al tiempo lugares para  construir algo y ser útil para los demás.  Michel Foucault (1926/1984)en Las palabras y las cosas  utiliza la metáfora «mal o bien iluminado» para referirse a lugares adecuados e inadecuados, lugares mal iluminados o poco investigados, apenas analizados y en contraposición a ellos, los lugares iluminados, elegidos con esmero, deliberadamente analizados y conducidos a la consciencia.

Marcel Proust (1871/1922) habla de esa misma actitud de «iluminar» (éclaicir) las cosas como acción artística fundamental, parafraseando sus palabras (él me perdonará tan grande atrevimiento) viene a decir que la vida real finalmente descubierta, (el tiempo recuperado) resalta luminosamente y es en consecuencia, la única vida realmente vivida por nosotros, que vale la pena y que en cierto sentido, debemos recuperar pues reside en  las personas, los afectos  y en las cosas en cada momento.

Igual que todo cambio representa una intervención activa, capaz de acelerar el estado de las cosas, como signo constructivo de reconocimiento, también existe la expresión de la ignorancia destructiva, que debemos combatir.

El lugar de trabajo de la artista, del artesano-a, del arquitecto-a, del pensador-a, del trabajador-a manual, de la panadera-o, señala el estadio primitivo y la dimensión espiritual de posteriores hallazgos de los que hoy estamos tan necesitados.

En todos los tiempos y de forma simbólica el arte ha señalado el lugar reservado a la energía espiritual o emocional de la mujer y el  hombre. Es nuestro deber inventarlo siempre desde lo nuevo, darle forma y conservarlo.

Imatra Costa 12-14 48010 BILBAO

Hacia 1938, Paul Valèry escribió: «La Historia de la Literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera, sino la historia del espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor». Veinte años antes, Shelley dictaminó que todos los poemas del pasado, del presente y del porvenir, son episodios o fragmentos de un solo poema infinito, erigido por todos los poetas del orbe (A Defense of Poetry 1821)

Esas consideraciones (implícitas desde luego en el panteísmo) permitirían un inacabable debate analizado por el gran Jorge Luis Borges en un poema de Coleridge que dice literalmente: «Si un hombre atravesara el Paraiso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar  encuentra esa flor en su mano…. entonces ¿Qué?»

Detrás de la invención de Coleridge está la general y antigua invención de las generaciones de amantes que pidieron como prenda una flor.

En el orden de la literatura, como en los otros de la vida,  no hay acto que no sea coronación «corona virus» de una infinita serie de causas y manantial de una infinita serie de efectos.

Más increíble que una flor celestial o que la flor de un sueño es la flor futura, la contradictoria flor cuyos átomos ahora ocupan otros lugares y no se combinaron aún, una vacuna para el «corona virus»

 Esta familia de objetos recuperados, encontrados o adquiridos, todos substituibles, intercambiables conforma una silenciosa decoración. «Signos de ocupación» que incorporan un estrato que envuelve la arquitectura, otorgándole una relación de estrecha relación con el lugar y la vida de sus habitantes. Posibilitan una arquitectura receptiva, que asimila el paso del tiempo y el «arte de habitar». El edificio como estrato de la ciudad, dispuesto a recibir a su vez los estratos del tiempo y del uso.

Objetos y acontecimientos acaban transformándose en condensaciones de la memoria de la historia vivida en prolongación del pasado en lo actual.

En la imagen, foto original de Erika Ede, realizada para la puesta en escena en el estudio Imatra de su fondo de archivo.

 

Todos los materiales, no importa que sean naturales o artificiales, tienen unas cualidades específicas que deben ser  conocidas si queremos trabajar con ellos. Los nuevos materiales y los nuevos modos productivos no son garantía de superioridad por sí mismos. Lo fundamental es la relación que puede establecerse entre ellos: Cada material, cada modo productivo tiene valor solo por lo que puede obtenerse de él.

Exposición en París del 16 de enero al 7 de marzo 2020. Más información en Imatra. Costa 12-14 48010 BILBAO. 

Coleccionar decía Walter Benjamin, es una forma del recuerdo remitida a la praxis y en este caso concreto, coleccionar fotografías  preservar  un mundo perdido para siempre, si no fueran los archivos  celosamente guardados por el Museo Vasco  del extraordinario fotógrafo Telesforo de Errazquin (1834/1898) Sus imágenes fechadas entre 1860 y 1895 forman un archivo de 530 placas de vidrio, del que la Autoridad Portuaria  ha rescatado 13 de ellas para la edición de un calendario de 2020 dedicado al Bilbao portuario.

Son imágenes tomadas entre los muelles bilbaínos. Transmiten  la nostalgia de un mundo perdido, un discurso que hace circular esos diminutos inventarios mudos que lo son de un sinfín de interpretaciones por venir. Sitúan en la pequeña puerta de la instantánea esos pequeños no-lugares en los que, justamente, hacer pensable lo que ha de venir y la apertura de «otros mundos posibles»

Solo los seres que perciben el tiempo pueden recordarlo y, dado que la memoria no es posible sin imágenes, después del visionado y posterior coloquio el pasado viernes del documental We Margiela proyectado en el Guggenheim Bilbao,  podríamos decir parafraseando propia o impropiamente a Walter Benjamin que coleccionar es una forma del recuerdo remitido a la praxis. Este documental que ahora recorre diversas ciudades se estrenó  inicialmente en el Museo Boijmans van Beuningen en Rotterdam  en octubre de 2017 como  homenaje al diseñador de moda Martin Margiela (Belgica 1957) y en él participan al igual que en la presentación de Bilbao algunos miembros del inicial equipo creativo y comercial.   Martin Margiela que siempre ha tenido inquietud por los tejidos «curados por los elementos» mostró la belleza y naturalidad de lo efímero en una exposición dedicada a sus primeros trabajos  en 1989 en el mismo  Museo Boijmans. Para el proyecto «Moho» cultivó deliberadamente el moho que aparece en los tejidos con la humedad prolongada, este proyecto se basaba principalmente en la coincidencia. Se creaban las condiciones, es decir, las telas se sumergían en un cultivo, pero en general era imposible predecir el desarrollo del «tinte» solo el tiempo (1615) horas podía decirlo. Se trata de la fascinación controlada por el propio proceso.

 En colaboración con la Universidad Agraria de Wageningen también analizó los efectos de color conseguidos. El catálogo que acompañaba la exposición llega al extremo de ofrecer recetas en este sentido: el moho como pigmento. La experimentación, el reciclado y su posterior transformación de las prendas son los pilares fundamentales del legado a la moda de este carismático diseñador que ahora cobra especial relevancia al revisar su legado en este documental donde prima la nostalgia.

En los años 80 la palabra nuevo dejó de ser la más deseable en el mundo de la moda, desde que diseñadores como Yohji Yamamoto, Ann Demeulemeester o el propio Margiela entre otros introdujeran un nuevo principio estético al usar ropa preexistente, (pasada de moda o descartada) en sus diseños y telas arrugadas, enfurtidas y abatanadas para sus líneas de alta costura. El simple hecho de que esto se acepte como alta costura es la prueba ante un cambio de mentalidad. En lugar de ver contradicción entre conceptos opuestos, a los que no se puede permitir interacción, los artistas, diseñadores y arquitectos de hoy entretejen lo viejo y lo nuevo para hacer nuevas combinaciones en que ambos -lo viejo y lo nuevo- se perciben como una única cosa.

En la imagen mostramos una pieza de 1.989 de la colección perteneciente al archivo de Imatra donde se puede apreciar el detalle de la serigrafía aplicada por Margiela a un tejido transparente que ajustado al cuerpo se funde con la piel y produce efecto «tatuaje»

Si las nuevas sociedades pueden hoy ser definidas como sociedades del trabajo inmaterial, sociedades del conocimiento, hay que reconocer entonces que a las prácticas de producción simbólica, a las actividades orientadas a la producción, trasmisión y circulación en el dominio público de los afectos  y los conceptos (los deseos y los significados, los pensamientos y las pasiones) les incumbe en ellas un papel protagonista, absoluta y seriamente prioritario.

Se impone superar el esquema verticalizado emisores- receptores para establecer una economía radial y desjerarquizada de usuarios, un rizoma de utilizadores -actualizando la fórmula utópica de la comunidad de- productores de medios. En este contexto, la gastronomía debe prestar un servicio a sus contemporáneos y salvar el oficio de la frivolidad en que en la actualidad se ha venido sumergiendo. Además de espectáculo, la gastronomía debe comprometerse con los problemas de su tiempo. Comer, debido a su significación moral y global, debe ser contemplado como un acto político. Se trata de reivindicar el valor de compartir el talento, el esfuerzo, el pensamiento y los recursos culturales, de establecer alianzas y trabajar en procesos colaborativos entendiendo que los diferentes se necesitan para crear espacios de representación simbólica.

Con el título Original Bauhaus, se celebra  hasta enero de 2020 en la Berlinesche Galery  de Berlín, una exposición que conmemora el centenario de la creación de la célebre escuela Bauhaus y ofrece una revisión crítica  de su historia, así como  las complejas relaciones entre sus integrantes, y centrar el foco fundamentalmente en la idea de creación como proceso continuado de investigación sin originales. Un método de trabajo en el que la experimentación es la norma y donde la autoría se diluye en el colectivo.En su corta existencia (1919-1933) esta escuela tuvo tres directores y tres ubicaciones diferentes pero su importancia y modernidad atraviesa las décadas. «Es la labor de los que trabajamos los archivos: no solo ordenarlos, también mantenerlos vivos, buscarles vigencia, aclarar las dudas del pasado y buscar en ello propuestas de futuro.

 

  Marcel Breuer (1902/ 1981) punta de lanza de esa escuela vanguardista escribió en 1.923: «Una silla; por ejemplo, no debe ser ni horizontal ni vertical ni expresionista ni constructivista ni debe concebirse considerando exclusivamente su funcionalidad ni tampoco debe hacer juego con una mesa. Debe ser una buena silla y,  en consecuencia armonizará con una buena mesa». Es esta concepción carente de dogmatismo y alejada de toda teoría, la que permitió que como diseñador y arquitecto, Breuer llegara una y otra vez a soluciones esencialmente novedosas que le permitieron desarrollar un lenguaje formal propio. Sus Metallmöbel  contribuyeron a darle un rotundo sello personal a la imagen de la Bauhaus en Dessau.

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