La producción de Arne Jacobsen como diseñador abarca toda variedad de objetos. El asumir la definición de todos los elementos que intervienen en el espacio arquitectónico como una parte más de la Arquitectura, provoca una necesidad vital de controlar y definir todos estos pequeños aspectos. En la obra de Jacobsen -o en la de Asplund, Aalto o Henningsen- el diseño de objetos no se puede desvincular de su arquitectura. Su lenguaje tampoco.
Arne Jacobsen diseñaba y modelaba sus objetos y elegía sus materiales con vistas a su uso y a su elaboración. El objeto nace de una necesidad vital.
Sus diseños se caracterizan por su sencillez formal. Nacen de formas geométricas simples que se combinan hasta alcanzar el producto final. En sus espacios la luz natural penetra mágicamente en el interior, resbalando por los planos que lo envuelven, matizando las cualidades de corporeidad y de forma: Grifos, sillas, saleros, cubiertos, bandejas de acero inoxidable sorprenden hoy como ayer con sus novedosas formas cilindrícas.
A Poul Henningsen debemos igualmente la particular estética que desarrolló en el diseño de sus inigualables lámparas en las que la luz se proyecta y desliza suavemente por superficies y materiales.




















