ultramarina

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Las cosas del verano  (sin acentos)

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Las cosas del verano, ya sabeis: el calor, las vacaciones y, sobre todo, esa gran acidia con que la calor ( es una constante) nos recompensa  tras un año largo de frenetica actividad, me hace echar de menos la presencia de Mimesita, que se ha ido hasta que terminen las obras de la casa. Con algo de nequicia, como siempre, en esta ocasion Mimesita ha escogido dejar un ligero pomo de su perfume habitual, abierto, escondido en algun rincon inaccesible, pese a ser que la huelo (nada interesado en el perfume y si en ella), la persigo, la acoso, lo desordeno todo, me desespero y vuelvo a empezar el dia sin que cese en mi obsesion por encontrarla. Solo los obreros con su trajinar horrisono me devuelven la razon.

                                                                  ooooo

Mimesita siempre tenía una cosa que decirme, y resultaba muy agradable esperar toda la tarde a que, a la noche, ya en la cama y a puntos de conciliar el suelo, acercase su cabeza a la mía y me lo susurrara al oido. Las cosas favorables, me enseñó Mimesita, rodean su existencia de grandes misterios acerca de sí mismas.

Ayer, al despedirnos, le regalé a Mimesita una caja de lápices de colores. Azul, violeta, siena, rojo, amarillo, verde, naranja, añil, rosa…Me quedé con el blanco, para pintarme de hombre invisible y así poder estar siempre con ella.

Un día de sed en la playa,  mientras los jóvenes nadaban compitiendo por las miradas alborotadas de las muchachas,  Mimesita,  vestida con un bañador de otra época,  me contó un secreto que yo estaría muy orgulloso de contarle a todo el mundo.  Pero le juré guardar silencio hasta la muerte.   ¡Qué tontería!

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 Mimesita es caprichosa. Hoy me ha pedido un lucero. Me acuerdo de que mi madre me lo había avisado. Es una niña, me dijo mi madre queriendo quebrar mi voluntad. Y yo le contesté que eso me gustaba incluso más que su talle de sirena

De haber nacido en el sur. Ser uno de esos gitanos que enamoraban a Federico y una noche calurosa del mes de julio, raptar a Mimesita asomada a la ventana de su cuarto oscuro para mirarse en la luna. Nos iríamos muy lejos los dos. A los secretos del monte o a una isla perdida. A cualquier lugar donde nadie diese con nosotros jamás.

De el diario secreto de Mimesita

(…)      No se publica por ahora. Si el diario es secreto, no conviene divulgarlo,debe permanecer secreto.

todos los jardines de Bilbao están plagados de pensamientos    (a mano en el original)

Habrá un día en que suceda al contrario y todos los pensamientos de Bilbao (de Bilbao y hasta de todas partes) estén poblados de jardines. Ese día Mimesita y yo, y quien se apunte con nosotros, saldremos a merendar al parque.Llevaremos un mantel de cuadros de vivos colores, a cuyo alrededor nos sentaremos a comer mientras va cayendo la tarde, de vuelta a lo real.

Ha de aligerar el príncipe para llegar a tiempo, pues Cenicienta no es como la Bella Durmiente. Cenicienta muere y no duerme, es un cuerpo en lugar de un alma en reposo, como ese mismo y cursi apodo sugiere: Bella Durmiente. Y no deja de resultar prometedor (a nuestros intereses al menos) que el príncipe deba encontrar su deseo empezando por los pies….

Habría que hablar, entre Mimesita y Cenicienta, de la lentitud con que se descomponen los cuerpos y cómo es que jamás terminan de desaparecer. Entre un cuerpo (Cenicienta) y un deseo, o mejor su deseo (Mimesita) hay la  lenta descomposición del deseo para, finalmente, topar de bruces con el cuerpo…

Sería maravilloso tener una novia que se llamase Mimesita. Sería una niña muy cursi, a la que sólo se la podría nombrar en la soledad de tu cuarto, porque imagina cómo se iban a reir de tí los amigos, siempre bruscos a esa edad de echarse novia primero ellos…

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Las cosas del verano  (sin acentos)   Las cosas del verano, ya sabeis: el calor, las vacaciones y, sobre todo, esa gran acidia con que la calor ( es una constante) nos recompensa  tras un año largo de frenetica actividad, me hace echar de menos la presencia de Mimesita, que

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Mimesita

Mimesita siempre tenía una cosa que decirme, y resultaba muy agradable esperar toda la tarde a que, a la noche, ya en la cama y a puntos de conciliar el suelo, acercase su cabeza a la mía y me lo susurrara al oido. Las cosas favorables, me enseñó Mimesita, rodean

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Mimesita

Ayer, al despedirnos, le regalé a Mimesita una caja de lápices de colores. Azul, violeta, siena, rojo, amarillo, verde, naranja, añil, rosa…Me quedé con el blanco, para pintarme de hombre invisible y así poder estar siempre con ella.

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Mimesita

Un día de sed en la playa,  mientras los jóvenes nadaban compitiendo por las miradas alborotadas de las muchachas,  Mimesita,  vestida con un bañador de otra época,  me contó un secreto que yo estaría muy orgulloso de contarle a todo el mundo.  Pero le juré guardar silencio hasta la muerte.  

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Mimesita

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Mimesita

todos los jardines de Bilbao están plagados de pensamientos    (a mano en el original) Habrá un día en que suceda al contrario y todos los pensamientos de Bilbao (de Bilbao y hasta de todas partes) estén poblados de jardines. Ese día Mimesita y yo, y quien se apunte con nosotros,

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Ha de aligerar el príncipe para llegar a tiempo, pues Cenicienta no es como la Bella Durmiente. Cenicienta muere y no duerme, es un cuerpo en lugar de un alma en reposo, como ese mismo y cursi apodo sugiere: Bella Durmiente. Y no deja de resultar prometedor (a nuestros intereses

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Mimesita

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