El concepto y creación de espacio expositivo y de trabajo que, con la apertura de la tienda-galería Imatra, inició Pilar Blanco en el contexto local vasco a finales de los años 80, inspirada en las célebres Proun Room de El Lissitzky, representó en su día la traducción contemporánea de la utopía constructivista, aplicada a la práctica profesional, como un laboratorio tridimensional activo, donde el espacio se convierte en una estación de tránsito en la que el visitante al moverse activa líneas de fuerza, geometrías y tensiones visuales, algo que poco a poco fue asimilándose socialmente y derivando hacia lo que se posteriormente se dio en llamar la era neo-minimalista.
Hoy en día, el diseño más actual revela que, la tecnología avanzada no es ya el fenómeno elevado y glorificado que se representó literalmente durante los años 80 y 90, sino que, se aprecia más, cuanto más es capaz de simplificar nuestro paisaje visual y material.
Este nuevo fenómeno también se basa en el progreso de la propia tecnología que, dentro del mismo ciclo de fabricación, permite otras muchas variaciones y grados de libertad, lo que hace posible crear un mundo material mucho más interesante.
No obstante, continuamos reivindicando en nuestra práctica, esa raiz constructivista de inicio, que, también explica en parte, las razones de la continuidad de el estudio Imatra, décadas después, fusionando arte y vida a través del diseño.
Un territorio, el de las relaciones de uso donde los objetos propuestos puedan ser interpretados por un sujeto que los llene de sentido

